........................................................................................BDSM y ritos Wicca

ra negra noche cuando nos pusimos en camino, la única luz emanaba de la luna fría y plateada. Yo estaba atada, mis ojos vendados, desde que partimos. Me preguntaba dónde íbamos, puesto que una de las reglas era que yo no lo debía saber antes de sufrir la prueba – a condición de que yo llegara. La noche era clara y fría, y yo no pensaba en otra cosa que el nudo en mi estómago, en mis rodillas que temblaban.
Llegamos al sitio previsto: se siente ligeramente el heno, tal vez el ganado. Hace frío, el a
ire es fuerte, empiezo a estar angustiada, debería haberme abrigado más.
Entramos en un edificio, la venda irrita mi cara, no veo nada pero hace mucho calor, y siento que hay otras personas. Oigo un fuego que crepita. Alguien me quita las ataduras, mi abrigo, mis guantes, los demás permanecen en silencio, hasta la orden brusca: “!Quítate las ropas!” En ese momento, deseo estar en cualquier lugar menos en este. Me estoy helando, ¿y ellos quieren que esté desnuda? Recuerdo vagamente que me habían dicho que se trataba de un ritual que implicaba la desnudez, lo había olvidado.
Estoy desnuda, y tengo mucho calor, pero aún tengo la impresión de no tener demasiado calor. Me arrodillo sobre el suelo, que parece estar hecho de planchas rugosas e irregulares. Me duelen las rodillas, las tibias, los brazos, y hay en mi espalda un dolor que aumenta segundo a segundo. Cada vez te
ngo más frío, y el vello de mis hombros y mi nuca está erizado como el pelaje de un perro. Percibo movimientos: ellos vienen a buscarme.
Tengo miedo, me digo que olvide esto, que en realidad no quiero vivir esto. No tengo ni idea que lo que iba a pasar y mis peores miedos desfilan ante mis ojos mientras que alguien me ayuda a levantarme de nuevo. Mis piernas anquilosantes protestan crujiendo cuando intento mantenerme en pie. Espero no haber cometido un error de juicio, todos las advertencias de mi padre vuelven a mi memoria, escenas de Rosemary’s Baby, todas esas historias de "Satanistas" vuelven a mi cabeza. ¿Puedo confiar en estas gentes? ¿Las conozco lo suficiente? Me doy cuenta que en el punto en el que estoy no tengo otra elección. Entonces les sigo allí dónde me llevan, guiándome cuidadosamente, diciéndome donde ir, cuando detenerme.
Estoy ahora en el círculo... no, aún no, estoy al lado. Puedo sentir la presencia de una docena de personas aproximadamente. Percibo su respiración, su excitación. En todo momento tengo miedo, me
agito, tiemblo como una hoja. Oigo la voz de la Sacerdotisa: es familiar, y esto me tranquiliza. La oigo preguntarme si quiero continuar. Vacilo, luego respondo débilmente “sí”. Y entro en el círculo. Sé que acabo de entrar porque hace mucho calor, y siento que está cerca, a mi alrededor. Me siento momentáneamente segura, luego recuerdo el motivo por el que estoy allí.
Prosigue el ritual, ciertos episodios me son familiares, y paso cada pregunta. Respondo las cosas adecuadas por algún milagro de mi memoria o de mi subconsciente, luego llega el momento de la prueba. Alguien me pide de nuevo que me arrodille en el
suelo rugoso y desigual, me ata las manos a la espalda, estoy atada en una actitud de súplica cuando siento el cuero del flagelo.
El flagelo se levanta, un silbido, luego vuelve a caer chasquea
ndo y cortando la piel de mi espalda como si fuera mantequilla, tengo la impresión de sangrar. Siento el dolor, y el dolor de mi infancia viene con él, sale de las profundidades de mí misma. Esto vuelve hirviendo a la superficie así como yo cuento los golpes y espero cada vez que sea el último. Siento las lágrimas surgir de mis párpados cerrados, bajo la venda. Me pregunto si ellos quieren que llore, pero un nuevo golpe corta este pensamiento. Dejo brotar las lágrimas. Dejo que mis emociones surjan, y gimo como un animal, un gato. Rujo, y resisto al deseo de escapar mientras siento mi cuerpo cobra más y más calor. Pienso que ahora debo sangrar realmente, y ruego a la Diosa que haga que se detengan, puesto que cada uno de ellos me golpea cruelmente. Siento que empiezo a salir de mi cuerpo, y oigo a mi Sacerdotisa decir: “Permanece con nosotros, querida, pues todo fracasará si te vas”. Intento entonces concentrar mi energía, llevando todo mi peso hacia las rodillas. Y la flagelación continúa.
No sé cuantas veces fui golpeada esa noche allí. Al fin, me sorprendió mucho no haber llegado a sangrar. Tenía la impresión de que el flagelo cortaba mi piel. Había algunas marcas que tardaron uno o dos días en desaparecer, yo las llevaba como insignias de mi coraje. Tal vez fue el miedo lo que hizo tan dolorosa la experiencia, o puede ser que esa noche pasaran más cosas de las que soy capaz de explicar.
En la época en que este ritual tubo lugar, yo era joven y llena de mí mi
sma, lo creía saber todo. Este no fue, evidentemente, el caso, y lo importante, es que esta iniciación me sirvió para tomar conciencia de esto. Yo había empezado en la Wicca sin tomármela demasiado en serio, pero después del ritual me sentí cargada cambiada; yo era una persona diferente de la joven que había deseado esa noche allí. Sabía que había resistido, y mi dolor de infancia había sido gastado, como tantas otras cosas, en el pago de mi inocencia.

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